20 DE DICIEMBRE: CUANDO LA REPRESENTATIVIDAD ES NULA

 

CUANDO LA REPRESENTATIVIDAD ES NULA, SURGE LA REVUELTA

 

 

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La tan mentada crisis(mejor ruptura) de representatividad política y social que campea en toda nuestra sociedad viene siendo estudiada desde distintos ángulos.

a) Como crisis de dirigentes o dirigencial, en donde lo que se resalta es la incapacidad de éstos para actuar acorde a la representación asumida.

b) Como crisis de los partidos políticos o patidocrática, en donde aquello que se subraya es la incapacidad de los partidos políticos tradicionales para elaborar nuevas respuestas ante nuevas situaciones. Estos partidos anquilosados en sus canongías y prebendas cometen el grave error de pensar y sostener que haciendo siempre lo mismo pueden obtener resultados diferentes.

c) Como crisis de los modelos o paradigmas político-sociales, en donde la democracia demoliberal burguesa colapsó tanto por las contradicciones internas que generó, como por falta de respuesta ante las nuevas situaciones, llámese crisis del Estado-nación, nuevos localismos, nuevas regiones, etc.

Pero más allá de estas consideraciones de tipo teórico, o mejor aún, de acceso teórico a la crisis de representatividad, existe el hecho bruto que pone de manifiesto dicha crisis como ruptura. Y esta es la tesis del presente artículo: Los dirigentes, los partidos y los modelos al no poder dar respuesta adecuada, plausible y eficaz, a las demandas de la realidad socio-económico-político-cultural, anulan y clausuran su representatividad que, inmediatamente, pasa a la revuelta, la movilización y la protesta pública.

Y así, se ven superados por las circunstancias los partidos políticos con el surgimiento de múltiples variantes partidocráticas, lo mismo pasa con los sindicatos en donde las comisiones obreras llevan la iniciativa en la lucha político-reinvindicativa, eso mismo sucede con los modelos o proyectos políticos tradicionales, transformados en una monserga (regadera, le decimos nosotros) en boca de los oligarcas del partido.

Esta ruptura de representatividad se extiende a ámbitos tan dispares como el de las iglesias o el de la ciencias. Hoy los dirigentes eclesiásticos corren detrás de los hechos. Así en nuestro país la inmensa mayoría del episcopado reaccionó tarde e inadecuadamente ante la muerte y posterior elección del nuevo Papa. En cuanto al ámbito de las ciencias, Klimosky, el más mentado, no ha sido más que un divulgador de ideas ajenas. Lo científicos del Conicet, su sacrosanto templo en Argentina, no pasan de comentar papers extranjeros hasta su cómoda jubilación a cargo del Estado.

Los científicos más premiados (premios Konex) vienen a ser como los esclavos de la caverna platónica, campeones en desentrañar sombras. Si nos tomáramos el trabajo de enumerar todos los temas de investigación científica de los últimos veinte años comprobaríamos como en un 90% se han ocupado en descifrar, interpretar y desentrañar sombras.

Naturaleza de la ruptura de la representación

Hace ya varios años que venimos sosteniendo que nosotros no estamos en crisis sino en decadencia(1), porque las crisis siempre son pasajeras (crisis de la adolescencia, de la andropausia, etc.) en cambio la decadencia indica una declinación constante y permanente de la que difícilmente se pueda salir desandando el camino. Es necesario pasarla por arriba. La mejor definición que encontramos es la que nos brinda el periodista y pensador Gilbert Comte cuando la define como le refus du sacrifice, el rechazo del sacrificio “ La décadence débute quand chacun refuse de prendre des risque pour les autres (2).

Ahora bien, la noción de decadencia encierra un enigma poco común, y es que siempre se puede ser un poco más decadente. Su concepto significa tanto naufragio, hundimiento, ruina, caída u ocaso. Encierra la idea de declinación necesaria de la que no se puede salir recorriendo el camino hacia atrás. Es necesario comenzar de nuevo como lo hace el sol luego del ocaso o el comerciante después de la ruina.

Así, pues, de la decadencia sobre todo de la social, política, económica y cultural que es la que nos afecta hoy, aquí y ahora, en Argentina solo se puede salir por dos vías: O la restauración o la revolución. Ejemplos históricos tenemos de ambos caminos. Así Augusto, luego de las desastrosas guerras civiles que sumieron en decadencia a la República comienza la restauración de las costumbres antiguas que habían hecho grande a Roma. De idéntica manera, mutatis mutandi, en nuestro país Rosas luego de la desastrosa anarquía de la década de 1820/29 que sumió en decadencia, se alzó como el Restaurador de la leyes.

Ejemplo de la vía revolucionaria lo ofrece Fidel Castro con la revolución cubana, con todos los reparos que pueden hacérsele, que vino a cambiar el orden constituido de prostitución, corrupción y decadencia que el régimen de Fulgencio Batista había sumido a Cuba.

Del estado de decadencia no se puede salir remontando la decadencia, sino que se tiene que salir por afuera de la misma, sea por restauración si hubo un régimen donde se vivió mejor o por revolución si no hay una experiencia histórica donde referenciarse.

De la decadencia como del laberinto, no se sale desde el interior sino por arriba como Dédalo y su hijo Icaro lo hicieran del laberinto cretense.

Nuestros representantes rechazan sacrificarse por sus representados, no toman ningún riesgo a favor de los otros, sus representados. El pueblo en su conjunto es simplemente un convalidador de representaciones que sus dirigentes, los representantes, no se ven obligados a cumplir.

La única obligación que tienen es cumplir con el procedimiento jurídico formal de acceso a los cargos, a las representaciones. Una vez en posesión de las mismas su responsabilidad se diluye en un discurso político que dice y no dice: que promete sin comprometerse, ni moral ni existencialmente. En una palabra, promete pero no se obliga.

Esta ruptura de la representatividad que se da en todos los niveles y dominios de la actividad ha hecho que el pueblo llano busque la solución de sus problemas, a sus demandas, a través de las movilizaciones, las tomas de edificios, los piquetes en las rutas y calles, la ocupación de los espacios públicos, la interferencia en los servicios y las mil medidas y revueltas hechas ad hoc .

El pueblo ha tenido que tomar la representación en sus manos porque sus representantes, políticos y sociales, no lo han representado, no han estado a la altura de sus necesidades.

¿Para qué sirve el parlamento si con sus leyes no soluciona los problemas del pueblo que lo votó?. ¿Para qué sirven los sindicatos si no logran las reivindicaciones reclamadas por sus trabajadores?. ¿Para qué sirven los científicos si no investigan lo que es , lo que se necesita en lugar de descular hormigas o desentrañar sombras?. ¿Para qué sirven los pastores que no se ocupan de las necesidades de sus ovejas y las protegen del lobo?. ¿Para qué sirven los jueces que ignoran la noción de equidad, limitándose al procedimiento?. ¿Para qué sirven los dirigentes locales y barriales si en lugar de ocuparse del vecino se ocupan del ciudadano o peor, de la humanidad?

Cuando un dirigente enaltezca el sacrifico personal como su método en el ejercicio de la representatividad podrá, entonces, el pueblo confiarle su representación, en el mientras tanto, está la exigencia de construir en la lucha, que es donde se muestran los talentos, nuevos dirigentes que tengan como apotegma tomar riesgos personales a favor de sus representados. Sólo así se podrán reemplazar a los antiguos, de lo contrario se reciclarán automáticamente como lo vienen haciendo desde hace décadas. Así como lo hicieron ostensiblemente luego debacle del 2001, interpretando el grito popular: “que se vayan todos” no yéndose ninguno.

Lic. ALBERTO BUELA (*)

1.- Buela, Alberto: Metapolítica y filosofía, Bs.As., Theoría, 2002, p. 59.-

2.- Comte, Gilbert: Notes sur un temps rompu, Paris, Le Labyrínthe, 2003.- redactor de Le Monde 1969 a1982.-

(*) CEES (Centro de estudios estratégicos suramericanos)

alberto.buela@gmail.com

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